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Vemos en la prensa local de hoy 17 de enero y enconcreo en Diario de Cádiz, los testimonios de varios vecinos de la Barriada de la paz, donde comentan como han cambiado su calidad de vida: "Nuestros días han cambiado para mejor", es una frase que a esta asociación de vecinos les congratula y se hace partícipe de ese cambio.
Son muchos de esos vecinos impedidos que tenían enorme dificultad para poder bajar a la calle y dar un simple paseo los que declaran su satisfacción y reconocen que fueron unos años de lucha, "no contamos con aportación alguna del Ayuntamiento, ni siquiera para la licencia de obra", afirman, y agradecen el esfuerzo de la presidenta de la asociación vecinal, Manuela Molina, así como de los directivos Gonzalo Pando y Juan Macías, "a los que voy a estar agradecidos siempre".
Nada mas que por estas palabras nos vale la pena el día a día y lucha por los intereses de los vecinos a pesar de las grnades dificultades y piedras que nos encontramos en nuestro camino. Este trabajo es sólo un reflejo de lo que puede significar una asociación de vecinos, para aquellos que pueden tener duda de la validez o utilidad de las entidades vecinales.
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de los que tienen problemas de movilidad, entre los que cita a Pepe, que vive en el 5º piso y al que le era imposible pisar la calle cuando no disponían de ascensor.
A sus 85 años Manuel Lagostena, después de más de 40 viviendo en su 4º piso, dice que ahora es una comodidad porque puede para salir a la calle cada vez que le apetece, lo que lamenta no poder compartir con su esposa, que falleció en 2005 y cuya enfermedad motivó a su hija a empeñarse en disponer de un ascensor.
En el 3º I de la finca número 59 de la calle Ubrique reside el matrimonio formado por Francisco Barea y Antonia Romero, con 79 y 77 años, respectivamente.
Esa finca fue precisamente una de las cinco primeras en las que se instaló tanto el ascensor como la silla elevadora, ya que se procuró priorizar los trabajos para abordar los casos más puntuales entre los bloques que los solicitaron, que no fueron todos.
Francisco Barea se encarga de realizar todas las compras que necesita el matrimonio, ya que su esposa está imposibilitada y reconoce que ahora, que además el padece una lesión lumbar, le costaría mucho más si no dispusiera del ascensor.
Asegura que ha cambiado su vida y también de la de los otros nueve vecinos que viven en la casa, 8 de ellos pensionistas igual que él, y recuerda que al principio pocos creyeron que fueran a instalar los elevadores, "decían que era propaganda política y ahora los necesitan, porque la edad no perdona".
Reconoce que fueron unos años de lucha, "no contamos con aportación alguna del Ayuntamiento, ni siquiera para la licencia de obra", afirma, y agradece el esfuerzo de la presidenta de la asociación vecinal, Manuela Molina, así como de los directivos Gonzalo Pando y Juan Macías, "a los que voy a estar agradecidos siempre".
En el 5º D de la plaza Arillo tienen su casa Manuel Mesa, su esposa, Carmen Moreno, y dos de sus hijas. Él padece un problema de obesidad, que le ha afectado también la circulación en las piernas, lo que le obliga, ahora que puede, a salir a la calle en silla de rueda, ya que antes de disponer del ascensor confiesa que vivía encerrado.
Cita además que cuando se veía obligado a acudir al Hospital de San Carlos a curarse las piernas tenían que contar con una silla para sentarse en cada descansillo y que por ese motivo salía solo por obligación.
En la actualidad dispone de la silla elevadora para acceder al ascensor, que fue el primero en instalarse en dicha plaza, e incluso se permite dar algún paseo en la silla de ruedas por los alrededores, algo impensable antes, aunque se queja de estado del pavimento en la confluencia de la avenida del Guadalquivir con la calle Sotillo.
Reconoce que él tampoco fue muy crédulo cuando dijeron que iban a poner los ascensores y que "ahora que ha cambiado la vida", y añade que con la subvención de la Junta tampoco lo que pagaron fue mucho, pese a que tuvieron que abonar la licencia de obras al Ayuntamiento.
Por su parte, su esposa, Carmen Moreno, dice que hasta le ha cambiado el carácter, "ahora está más contento, antes sólo se le notaba cuando ganaba el Barcelona".
Son solo unos cuantos ejemplos, en esta ocasión de residentes en la barriada de la Paz, que gracias a los ascensores de los que han sido dotadas sus casas, subvencionados por la Junta de Andalucía, disponen ahora de una mayor calidad de vida, precisamente por lo que les supone de ayuda a la movilidad cuando han llegado además a una edad en que las dolencias de todo tipo suelen ser más frecuentes. Ahora, como afirma Pablo Lorenzo, "pueden salir a la calle y regresar a sus viviendas con total libertad y autonomía". |